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DE CURAZAO PARA EL MUNDO

por Andrés Peraza
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Desde el pequeño territorio autónomo de Países Bajos, el tenis ha tenido representación a nivel mundial. Jean-Julien Rojer ha sido homenajeado en casa este mes y eso es una excusa para conocer más del experto en el dobles.

Foto: Getty Images

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El Racing Club Curazao ya le hace honor a uno de sus hijos pródigos. El Court No. 1 que se sitúa en este complejo ubicado en la capital Willemstad ya produce en Jean-Julien Rojer la satisfacción de haber llevado su país de nacimiento por muchos lugares del mundo. Y aunque ahora use la nacionalidad holandesa, la curazoleña sigue siendo un bastión a la hora de jugar los torneos de tenis más importantes del mundo.

Rojer ha sido un reconocido doblista de los últimos años en el circuito masculino. Sus 17 trofeos en esta modalidad durante los últimos cuatro años demuestran el poderío del holandés que ha ido creciendo con el pasar de las temporadas: cinco con el estadounidense Eric Butorac entre 2010 y 2011, cuatro más en compañía del paquistaní Aisam-Ul-Haq Qureshi entre 2012 y 2013 y desde este curso con el rumano Horia Tecau, escudero con el que ha logrado la impensada suma de ocho coronas además de la llegada a la Copa de Maestros.

Con 33 años, el hijo de Curazao aún siente las ganas de luchar en un circuito que día a día toma muchísima más fuerza, pero no olvida sus raíces, esas mismas que alguna vez lo hicieron inclinarse por el tenis aunque en la Isla era un deporte casi desconocido. Creció viendo a su hermano mayor, Jamil, en una cancha de cemento que había en su casa en Curazao pero que a juicio propio era «horrible» y «decorada» por unas plantas que crecían dentro de ella. «No importaba. Era una de las pocas canchas de la Isla y era nuestra», llegó a expresar Rojer quien se motivó para tomar clases a los seis años.

«Por suerte tuve un par de entrenadores que habían viajado. Mucho vino de mí, porque estaba muy interesado en el tenis y quería dar lo mejor todo el tiempo. Muchos chicos de acá no tienen eso. Eso lo que pasa al crecer en una isla muy pequeña», expresó el holandés para la ATP hace poco en el evento donde lo homenajearon en la Isla del Caribe.

El tenis corría por sus venas como la sangre que nutre al cuerpo. Muy chico Jean-Julien tomó la decisión que marcaría su vida y que lo tiene como uno de los más representativos dentro del dobles masculino. «Nosotros éramos una familia afortunada. No éramos los más ricos pero tampoco los más pobres de la región. Podíamos viajar un poco. Curazao está cerca de Miami y por eso pude jugar allí torneos Sub-8, Sub-10 y Sub-12. Un entrenador vio el potencial en mí y, a los 13 años, me senté con mis padres y les dije que quería jugar tenis. Me mudé a la casa del entrenador, aprendí inglés y un poco de español; fui a la escuela y luego a la secundaria, todo lo hice en Estados Unidos. Al mismo tiempo jugaba tenis».

Pero no siempre esas decisiones terminan siendo fáciles para un joven. Rojer lo vivió en carne propia. «Esa fue la parte más difícil, irme por mi cuenta a los 13 años. Pero cuando estaba en la pista no pensaba en nada más. Disfrutaba del tenis. Pasaba mucho tiempo en la cancha para olvidarme de otras cosas», relata.

Todo siguió para el pequeño Jean-Julien quien no dejó de lado los estudios a pesar de tener una pasión llamada tenis, en buena parte influenciado por sus padres. A los 18 se fue a vivir a Los Ángeles para estudiar sociología en la UCLA, representó a su universidad en torneos nacionales y se convirtió en el número uno en singles. Tres años más tarde tomó la decisión de hacerse profesional aunque no había terminado su carrera. «Tenía 21 y sentía que ya era lo suficientemente grande como para intentarlo, como para sobrevivir y quería probar vivir del tenis». El tenista vio cómo Olivier Rochus, Fernando González, Guillermo Coria, Roger Federer o Paul-Henri Mathieu -jugadores a los que enfrentó en júnior- ya labraban un carrera promisoria en lo profesional y si ellos pudieron, ¿por qué él no? Aunque reconoce que la maduración le llegó aún más tarde. «Yo fui uno de los que no llegó (entre risas). Me tomó más tiempo e hice las cosas diferente».

Se enfocó en el singles estando en el circuito Future y Challenger pero más adelante decidió entregar toda su energía en el dobles, una especialidad que le ha retribuido grandes frutos hasta el día de hoy. Jugó para las Antillas Holandesas en Copa Davis y deambuló en las Zonas Americanas por mucho tiempo, enfrentando a jugadores de países de Centroamérica con los que se familiarizó. «Costa Rica es uno de mis favoritos, me encanta y tengo muy buenos recuerdos allí. Mi mejor victoria de Copa Davis llegó allí ante Juan Antonio Marín, 9-7 en el quinto set de dobles. También pude ganar en singles. Sin dudas, nunca lo olvidaré»

Sin embargo, los horizontes de Jean-Julien Rojer apuntaban mucho más alto y esperaba el momento donde pudiera demostrar su talento en estadios más grandes y llenos de espectadores. En 2012 decidió obtener la nacionalidad holandesa y empezar a representar al país europeo en Copa Davis. «Fue un paso adelante en mi carrera. Realmente disfruté el tiempo que pasé en las Zonas Americanas pero también quería jugar a un nivel más alto, en las canchas más grandes y Holanda tiene una tradición tenística. Yo quería conocer un poco de los dos mundos», comentó el ya naturalizado holandés en una entrevista para la Copa Davis en 2012.

«Tampoco fue fácil llegar como un nuevo jugador a un equipo. Los jugadores de Holanda de singles podían jugar en dobles pero no eran especialistas. Si yo no jugaba quería por lo menos ayudarles en la parte de movimientos ya que me especialicé en dobles. Sé cómo es la estrategia, el posicionamiento, los golpes, lo que da más opciones para ganar un punto», continuó.

Debutó con el equipo de los Países Bajos ese mismo año en el mes de febrero ante Finlandia y se llevó la victoria junto a Robin Hasse en el punto de dobles. Más tarde compaginó una unión con Igor Sijsling que le sirvió para vencer a Rumanía. «Es curioso: en el segundo partido tenía más presión que en el primero. En mi debut, entré al estadio y el ambiente era increíble, todos vestidos de naranja, gritando. Como yo no nací en Holanda, no sabía si me iban a aceptar; pero lo que sí sabía es que la mejor manera de que me aceptaran era ganando. En el primer partido la emoción me levantó, pero en el segundo estuve más nervioso».

Ahora más plantado en todos los aspectos que rodean su carrera profesional, Rojer conoce cuáles son sus objetivos a futuro. Tras haber terminado su carrera de sociología, espera poder contribuir en el deporte de su Isla natal que se mueve mucho más por el béisbol que por otras disciplinas. «En algún momento me gustaría involucrarme en el tenis en casa. Me gustaría ayudar a los chicos y crear una mayor cultura tenística, la cual no tenemos. Quizás con más manos ayudando a los niños en la escuela, intentando detectar a los que tienen más talento. Siempre debemos mejorar nuestras instalaciones y darle a los niños suficientes oportunidades».

[author image=»https://pbs.twimg.com/profile_images/473258143418314752/wPCdGPjm_normal.jpeg» ]Fabián Valeth Orozco @FabianV_: Redactor en jefe de Match Tenis. Director y productor de medios de comunicación. Amante del tenis y del periodismo deportivo enfocado hacia este deporte.[/author]

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