La situación en el Challenger que se disputa esta semana en Fujairah, en los Emiratos Árabes Unidos, ha alcanzado un punto crítico. La jornada del martes tuvo que ser interrumpida debido a la cercanía de bombardeos en la región, un escenario que generó preocupación e incertidumbre entre los jugadores, entrenadores y miembros de la organización. La prioridad pasó de la competencia deportiva a la seguridad, en medio de un clima de tensión que nada tiene que ver con lo que debería vivirse en un torneo profesional.
En las últimas horas, los tenistas recibieron un correo electrónico de la ATP en el que se les informa que se está organizando un vuelo chárter con destino a Milán, con escala previa en Egipto, como vía de salida del país. Sin embargo, el costo del billete —5.000 euros por persona— ha generado un profundo malestar, al tratarse de una cifra que la mayoría de jugadores de categoría Challenger no puede asumir, especialmente aquellos ubicados fuera de los primeros puestos del ranking.
La medida ha sido calificada por varios protagonistas como insostenible, al considerar que tras una suspensión por razones de seguridad debería existir un mayor respaldo institucional. Muchos de los participantes dependen de presupuestos ajustados para cubrir viajes y hospedaje durante la temporada, por lo que afrontar un gasto extraordinario de esa magnitud supone un golpe económico severo.
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