Novak Djokovic volvió a encontrarse con una estadística tan inusual como preocupante. Tras su derrota en semifinales de Wimbledon frente al italiano Jannik Sinner, el serbio se marchó del partido sin conseguir un solo quiebre de servicio, la tercera ocasión en toda su carrera en la que finaliza un duelo de Grand Slam sin romper el saque de su oponente.
Sinner dominó de principio a fin con un servicio prácticamente intocable y una agresividad constante desde el fondo de la cancha. El número uno del mundo enfrentó un punto de quiebre y cerró el encuentro por 6-4, 6-4 y 6-4, confirmando su superioridad y dejando a Djokovic sin opciones de reaccionar al resto.
La estadística cobra mayor relevancia tratándose de Djokovic, considerado por muchos como el mejor restador de la historia. Durante gran parte de su carrera construyó su dominio a partir de la presión constante sobre el servicio rival, por lo que terminar un partido de Grand Slam sin un solo quiebre sigue siendo una rareza.
La primera vez que esto ocurrió fue en el US Open 2005 ante el australiano Lleyton Hewitt; después de 19 años una situación similar volvió a ocurrir, fue en el Australian Open 2024, también ante Jannik Sinner.


