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Redacción por: Andrés Rodriguez
Hay semanas muy puntuales del calendario ATP en las que dos torneos de la misma categoría coinciden. Es un escenario particular que obliga a los jugadores a elegir. La semana del 26 de febrero es uno de esos casos: el ATP 500 de Doha y el ATP 500 de Río de Janeiro se juegan en paralelo, pero con realidades muy distintas en cuanto a nivel competitivo, entry list y exigencia.
Cuando se da este cruce, los tenistas suelen evaluar varios factores antes de decidir: la continuidad del calendario (qué torneo viene después), la superficie y el clima para evitar cambios bruscos, la distancia respecto a su residencia, la dificultad de ingreso al cuadro principal según ranking y, en el caso de las grandes estrellas, también los pagos por aparición que algunos torneos ofrecen como inversión para atraer figuras que garanticen visibilidad, entradas vendidas y relevancia mediática.
Históricamente, en este tipo de semanas paralelas, incluso los números uno y dos del mundo han optado por torneos distintos para no cruzarse entre sí y maximizar opciones de sumar títulos y puntos clave en la lucha por el ranking. Los grandes choques suelen reservarse para los escenarios donde todos están obligados a competir: Masters 1000 y Grand Slams.
Este año, la diferencia entre ambos torneos es a lo menos llamativa. En Doha, los ocho primeros preclasificados muestran un nivel casi de Masters 1000: Carlos Alcaraz (#1), Jannik Sinner (#2), Novak Djokovic (#4), Félix Auger-Aliassime (#8), Alexander Bublik (#10), Daniil Medvedev (#12), Andrey Rublev (#15) y Jakub Mensik (#17). Un cuadro de lujo, durísimo desde la primera ronda y con una concentración de cinco Top 10, poco habitual para un ATP 500.
Del otro lado, Río de Janeiro presenta un perfil muy diferente. Encabezan la lista Lorenzo Musetti (#5), Francisco Cerúndolo (#21), Luciano Darderi (#25), João Fonseca (#32), Sebastián Báez (#36), Lorenzo Sonego (#40), Matteo Berrettini (#57) y Gaël Monfils (#110). Un cuadro más abierto, con menos jugadores top 10 y una presencia mucho más marcada de tenistas sudamericanos.
La gran noticia es que, contra la lógica histórica, Sinner y Alcaraz eligieron el mismo torneo: Doha. Una decisión que eleva automáticamente el nivel del certamen catarí y refuerza la idea de que, este año, Doha es claramente el ATP 500 más exigente de la semana.
Río, en cambio, vuelve a mostrar ese perfil que lo ha acompañado durante años: un ATP 500 “más débil” en términos de ranking, pero con un valor clave para el circuito. Es un espacio donde los latinoamericanos encuentran una oportunidad real de competir por títulos grandes, sumar puntos importantes y ganar experiencia ante rivales de alto nivel, en condiciones y superficies que les resultan familiares.
Dos torneos, misma categoría, una misma semana… y una diferencia abismal que vuelve a demostrar que, en el tenis profesional, no todos los ATP 500 pesan lo mismo.


