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Redacción por: Andrés Rodríguez
En pleno inicio de temporada y con la mirada puesta en un ambicioso 2026, Casper Ruud generó una de las declaraciones más comentadas de la semana al ser claro sobre su futuro competitivo: no cree que terminará su carrera con su padre como entrenador. En una entrevista con Gill Gross, el noruego no solo habló de su presente —después de cerrar otro año sólido en el circuito— sino también de cómo ve su evolución personal y profesional más allá del vínculo familiar que marcó sus primeros años en el tenis.
Ruud y su padre, Christian Ruud, han sido uno de los dúos más emblemáticos del tenis reciente. Christian, ex Top 40 y referente absoluto de la disciplina en Noruega, fue quien introdujo a Casper al tenis desde niño y se consolidó como su entrenador principal desde los primeros pasos en el profesionalismo. Juntos, padre e hijo, acumularon años de trabajo que llevaron a Casper a escalar hasta el Top 3 del ranking ATP, disputar finales de Grand Slam y levantar varios títulos importantes del circuito, destacándose especialmente en torneos sobre polvo de ladrillo donde el noruego se siente más cómodo.
Sin embargo, Casper sorprendió al analizar la relación profesional con su padre a largo plazo: “No, no creo que mi padre vaya a ser mi único entrenador durante toda mi carrera”, respondió de forma directa cuando fue consultado sobre si imagina terminar su trayectoria con Christian a su lado en el banco. A continuación, profundizó: “No quiero ir toda mi carrera sin siquiera explorar otra opción. No siento la necesidad ahora, pero podría sentirla en tres meses, tres años, no lo sé”.
Ruud explicó que tanto él como su padre han conversado sobre la importancia de mantener una evaluación constante del equipo que lo rodea, siempre desde la perspectiva de potenciar su rendimiento. “Aunque estamos compitiendo torneos, estamos constantemente evaluando cómo se siente el equipo, cómo me siento yo con las personas a mi alrededor.” Esa reflexión sincera refleja un meteórico crecimiento profesional: reconocer que el momento de incorporar otra visión puede llegar, no por un problema con su padre, sino por la necesidad de sumar perspectivas frescas que lo lleven al siguiente nivel.
El noruego también destacó el valor que ha tenido trabajar con otras figuras dentro de entornos de equipo, como en la Laver Cup, donde leyendas como Björn Borg y Thomas Enqvist aportaron observaciones y tips en un fin de semana especial. “Es divertido tener otros ojos que miren y evalúen mi juego”, señaló, recordando que incluso aquellos días fuera del circuito habitual le ofrecieron herramientas valiosas.
A pesar de esta postura abierta a explorar nuevas posibilidades, Ruud no escatimó en halagos hacia su padre. Describió a Christian como alguien que “da no 100%, sino 110% cada día”, subrayando que ese nivel de entrega solo se explica por el vínculo familiar y la convicción de hacer lo mejor para su hijo.
Más allá de la declaración en sí, lo que destaca es la madurez con la que Ruud aborda su carrera: no rehúye la posibilidad de cambios estratégicos ni se aferra dogmáticamente a un mismo esquema, aun cuando este fue clave para su crecimiento. En un deporte tan exigente como el tenis profesional, donde cada detalle técnico y emocional puede marcar la diferencia, la apertura de Ruud a incluir nuevos enfoques podría ser un elemento clave en su búsqueda por conquistar un Grand Slam o ascender aún más en el ranking.


